Para comenzar la transformación necesitarás
dos gotas extraídas de arroces
múltiples que necesitan
agua de un río triste, que se alegró al retirarla,
y, en el calor de las largas
maderas de un puente no literal,
ahora quemadas:
se liberarán espíritus
del agua al verlas,
mientras fuegos de antiguos tormentos
son apagados y ceden el llanto
transformador en ricas metáforas.
Pero espera, ¡volvamos!
Sé que tal vez dirás: «¿Y las guaduas?».
Por ahora, pinta con cuidado esa pared
con el ritmo que salga natural de esas manos tuyas:
púrpura, azul y el dominio
de un arte oculta.
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